La casa de verano que tuviste o la que siempre creíste que sería justo tener. Siempre aparece, colándose como un fantasma entre nuestros deseos y nuestro futuro que está a la vuelta de la esquina. Como un presente continuo lleno de recuerdos, llenos de días soleados y atardeceres sombríos. La falta de ser siempre quien uno no es, cabizbajos arriba de una roca, solos o acompañados.